Las Publicaciones de Patrimoni - PEU

Las publicaciones de Patrimoni-PEU se articulan alrededor de tres ejes principales: la definición y actualización del concepto de patrimonio cultural, su socialización (educación patrimonial e interpretación del patrimonio) y la búsqueda de redes y modelos de intercambio y generación de conocimiento, práctica y experiencia alrededor del patrimonio (las comunidades patrimoniales).

Memòria Viva

Memòria Viva es la revista anual de Patrimoni-PEU y se estructura en tres partes bien diferenciadas: proyectos y experiencias de los Grupos Locales (Comunidades Patrimoniales), invitaciones y colaboraciones de especialistas que participan en nuestras jornadas y actividades y, por último, autores y autoras que presentan sus propuestas a la convocatoria anual de artículos.

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mv07-15. La Encina, cien años de fiestas

Escrito por Vanesa García López de Andújar y Gerardo García López de Andújar el . Publicado en Memòria viva.

La población de La Encina, que en la actualidad se conforma como una pedanía de Villena (Alicante), tiene su origen en torno a 1840, cuando se construyó la Venta de La Encina en una posición estratégica, cruce de caminos y veredas, donde hoy se encuentran los límites de las provincias de Alicante, Valencia y Albacete. Con la aparición de las líneas del ferrocarril que unían Madrid con Alicante y Valencia en 1858 se construyeron en la citada posición dos apartaderos y una casa de guarda, y fue en 1863 cuando se inauguró la estación de La Encina, que heredaría su nombre de la antigua Venta, como empalme de las citadas líneas ferroviarias. Desde entonces la historia de La Encina ha estado ligada al ferrocarril.

En la actualidad, la pedanía de La Encina tiene poco más de 100 habitantes, si bien conoció años de mucho más esplendor, llegando a sobrepasar los 1.200 habitantes en 1960.

En una población de tan pequeñas dimensiones son los actos sociales y festivos los que constituyen la expresión más valorada de la vida en común, y contribuyen a fomentar la cohesión social reafirmando la identidad de la comunidad.

A partir de la Convención para la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial de 2003:

Se entiende por “patrimonio cultural inmaterial” los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas —junto con los instrumentos, objetos, artefactos y espacios culturales que les son inherentes— que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial, que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad y continuidad y contribuyendo así a promover el respeto de la diversidad cultural y la creatividad humana.”

En el mismo texto, en el siguiente apartado, se especifican las manifestaciones particulares del patrimonio cultural inmaterial, en distintos ámbitos, incluyendo el que nos ocupa: usos sociales, rituales y actos festivos.

En el caso de La Encina, durante unos pocos días a finales de junio, la población se triplica, familiares y amigos procedentes de distintos puntos de la geografía española, llegan a pasar unos días al pueblo, a celebrar sus fiestas populares en una suerte de retorno al hogar a fin de compartir estos días con sus seres queridos. Son días que funcionan como nexo de unión entre generaciones a través de los años, días que contribuyen a reafirmar los vínculos de la población con sus propias tradiciones.

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Celebración de carrera de cintas con gran afluencia de público. Fuente: Comisión de Fiestas 2013-2014

La pervivencia de este legado depende directamente de la participación de los miembros de la comunidad. En el caso de La Encina, los vecinos son plenamente conscientes de que se requiere su implicación directa en el mantenimiento y crecimiento de las fiestas a través de su participación, movilización y su aportación económica. Son ellos los que crean, mantienen y transmiten este patrimonio cultural inmaterial. Se ha asumido desde hace mucho tiempo que para seguir celebrando las fiestas en honor a San Juan Bautista tal y como se conocen, son los propios habitantes y oriundos los que se las tienen que trabajar y costear. Esto ha generado entre la población una arraigada conciencia de tradición festera que se transmite de generación en generación, que ha sabido mantener la llama viva durante muchos años y que no permitirá que este patrimonio cultural inmaterial pierda intensidad. Dicha conciencia se visualiza a través de la Comisión de Fiestas, organismo formado por los propios vecinos que se renueva periódicamente (generalmente cada dos años) y que se dedica a gestionar activamente este patrimonio.

La primera celebración festera de La Encina se llevó a cabo el día de la festividad del santo patrono, el 24 de junio de 1914, miércoles, consistiendo en unos sencillos actos de marcado carácter religioso que incluían, principalmente, una misa solemne oficiada por el párroco de La Encina, don Ceferino Sandoval, correspondiendo el panegírico al arcipreste de Santiago de Villena, don Francisco Azorín Bautista. Por la tarde se completó el programa festivo con una solemne procesión con el santo patrono recorriendo las principales calles de la localidad.

Puesto que en 2014 se cumplían 100 años la Comisión de Fiestas 2013-2014 decidió realizar una serie de eventos conmemorativos y de recuperación de tradiciones buscando potenciar el reconocimiento y la valorización de este patrimonio cultural inmaterial, proponiendo actividades que buscaban una participación lo más amplia posible de toda la población y recuperando algunos vestigios de las celebraciones que, por su antigüedad podrían haberse perdido en el olvido, convirtiéndolas en testimonio de esta voluntad de pervivencia.

Estos actos consistieron, entre otros, en la realización de una «sesión vermú» en la estación de ferrocarril, en el que las reinas de las fiestas y sus cortes de honor, acompañadas por Comisión de Fiestas y todos los vecinos que quisieron participar en el evento se trasladaron, acompañados de la banda de música de la población a la estación de ferrocarril, recuperando una tradición que se había perdido hace ya muchos años. Cita Pedro Más en su artículo refiriéndose a los años cuarenta: «Uno de los días de fiesta, la banda de música, después de haber recorrido todas las calles del pueblo con su peculiar sonoridad, se trasladaba seguida de cierta multitud a la estación del ferrocarril, en cuyo andén ofrecían un estruendoso concierto, precisamente coincidía la llegada de los rápidos de Alicante y Valencia». En el mismo artículo el autor se lamenta de lo lejano que quedó aquello, y del estado de la estación a día de hoy con un corazón parado, tristemente muerta. Afortunadamente, en 2014 se pudo revivir aquella tradición que muchos ni llegaron a conocer con un gran éxito de asistencia. La nueva Comisión de Fiestas ha manifestado su intención de no permitir que aquello quede en un hecho puntual, sino que se va a tratar de incorporar de nuevo en el programa de fiestas de este año, lo cual contribuye a constatar el éxito de la iniciativa.

Se realizaron también varios actos conmemorativos, como la plantación de una encina en el paseo público del pueblo acompañada de una placa que reza «‘La encina del centenario’ en memoria de todos aquellos que con su colaboración desinteresada han contribuido a cumplir estos primeros 100 AÑOS DE FIESTAS en honor a San Juan Bautista». Por otra parte, se realizó un concurso de logotipos del centenario al que se invitó a participar a todos los vecinos. Además, durante la celebración de las fiestas se llevó a cabo el reparto de una gran tarta en la que todos los asistentes pudieron soplar las velas de los cien años.

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Tarta de los cien años. Fuente: Comisión de Fiestas 2013-2014

También se recuperó la tradición de la construcción de un arco de iluminación realizado en madera y decorado con baladre, tradición que se remontaba hasta la primera década de las fiestas y que se perdió en los años 70, con la intención de despertar los recuerdos de quienes los conocieron y mostrar a los más jóvenes cómo se realizaban y el sacrificio que suponía la iluminación y decoración de las calles con los escasos medios de antaño.

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Arco de baladre de los años 60 y trabajos de la construcción del arco en 2014.

Por último, y como culminación de las distintas actuaciones conmemorativas, se publicó un libro que lleva por título La Encina, cien años de fiestas. 1914-2014, publicación de carácter divulgativo, donde se recorren estos cien años de historia con un enfoque basado en la participación ciudadana sin perder de vista el rigor histórico.

Se trata de una publicación de 150 páginas, coordinada por los miembros de la Comisión de Fiestas, a lo largo de las cuales se hace un recorrido escrito y gráfico por esos cien años de historia.

Las fuentes consultadas para la realización de la publicación fueron varias:

Se recopiló toda la información existente en el archivo de Villena relativa a las festividades en La Encina.

Se recuperaron, de la mano de Francisco Esteve Ramírez, las anotaciones del cura de la Parroquia de los primeros años de fiestas.

También se dispuso del primer ejemplar de las actas del Ayuntamiento de Villena donde se refleja la primera subvención del consistorio para la celebración de las fiestas.

Por otra parte, se recuperaron, de la mano de Luis Estevan, vecino de la población, los programas de fiestas desde 1952 hasta 2013.

Se consultó la publicación Historia de La Encina y su estación, de Francisco Esteve y José Luis Esparcia.

Además, se consultaron de los suplementos coleccionables que se recogían en el interior de los programas de fiestas de alrededor del año 2000, redactados por Esteve y Esparcia.

Por último, y como fuente principal de la historia que se quería contar, se echó mano de los recuerdos, los testimonios y la memoria. Aquella que se conserva en la mente de los vecinos y aquella que inmortalizan las fotografías.

La voluntad de la Comisión de Fiestas fue clara, recoger todos los recuerdos posibles de la gente que a lo largo de estos 100 años ha participado activamente en la organización de los festejos.

Para ello se realizaron entrevistas a todos los presidentes de las distintas comisiones de fiestas que se han ido sucediendo a lo largo de estos cien años y que aún estuvieran entre nosotros, así como a otros vecinos que por su longevidad o buena memoria pudieran aportar información relevante para recomponer la historia o recordar tradiciones perdidas.

En palabras de la propia comisión, esa aproximación supuso sensaciones difíciles de explicar, habiendo sido tratados en todas y cada una de las ocasiones con especial cordialidad, confianza y hospitalidad. La realización de este trabajo de investigación les permitió acercarse a personas, vecinos de toda la vida con quienes apenas habían cruzado unas palabras hasta ese momento, personas que despertaron asombro y admiración, vecinos que les hicieron partícipes de sus experiencias y sus esfuerzos para llegar a construir lo que el pueblo tiene a día de hoy, aquello por lo que todos tienen que seguir luchando.

La publicación se organiza en dos grandes apartados, el primero, de carácter literario lleva por título «Historias y Recuerdos de las Fiestas», y en él, a lo largo de 62 páginas y organizados en cuatro capítulos, se repasan distintos acontecimientos y tradiciones que se han venido llevando a cabo a lo largo de estos cien años desde un enfoque de proximidad, salpicando el relato histórico con anécdotas de los vecinos, que desde la primera línea se sienten parte de esta historia que han ido escribiendo ellos y sus antepasados.

Para la realización de la portada se contó con Julián Vizcaíno, un estimado artista local, y los tres primeros capítulos se reservaron a la colaboración de personas que ya habían mostrado alguna vez sus inquietudes por el conocimiento y divulgación de la historia de la población.

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Portada de la publicación del centenario. Autor: Julián Vizcaíno Almendros

Así, el libro arranca con un artículo de Pedro Más Guereca, en el que traza una miscelánea de sus propios recuerdos acompañando los textos con ilustraciones y documentos gráficos realizados por el propio autor.

Le sigue el artículo que lleva por título «Las fiestas de San Juan y La Parroquia» en el que Francisco Esteve Ramírez realiza una rigurosa aproximación histórica al origen de la festividad.

El tercer capítulo recoge, de la mano de José Luis Esparcia, la presencia de la cultura en sus diversas acepciones en La Encina y sus fiestas. Se trata el tema del enfoque cultural de las fiestas patronales, deteniéndose en la presencia en la población de distintas manifestaciones culturales como son la música, la poesía, el teatro, la pintura y el cine.

En el cuarto y último capítulo con carácter literario, que lleva por título «Historia y Memorias de las Fiestas de La Encina», es el más extenso de los cuatro. En él, la Comisión de Fiestas del Centenario se detiene en repasar la evolución de las fiestas patronales en estos 100 años, analizando los elementos que han permanecido como parte esencial de las mismas a lo largo de la historia, como son los actos religiosos, la música, la decoración, la pólvora, los juegos infantiles y las competiciones deportivas, a la vez que estructura la evolución de las mismas desde su origen. Tras los primeros años de gestación, las fiestas en honor a San Juan Bautista vivieron una época de crecimiento que se vio truncada en 1936 por la guerra civil y no se retomó hasta principios de los años cuarenta. La década de los cincuenta supuso un nuevo auge, impulsado por el crecimiento en importancia de la estación de ferrocarril, que a su vez provocó un continuo incremento en la población de La Encina. Con la llegada de los años 60, se alcanzó la plenitud de las fiestas patronales. Por aquel entonces, muchos trenes hacían escala en La Encina y las necesidades de los viajeros y trabajadores de la estación, fomentaron el crecimiento de la oferta comercial y de ocio. Esta intensidad comercial y social hizo que se alcanzase la mayor población de nuestra historia, y esto quedaba reflejado en las fiestas. Con la entrada de los años 70 y la llegada del plan de modernización de RENFE, se redujo la plantilla de trabajadores de la estación de La Encina, lo que motivó el traslado a otros puntos de España de muchas familias que se habían asentado en la población. Poco a poco, la población comenzó a reducirse y muchos fueron los que vieron en peligro la continuidad de las fiestas de La Encina. Se entró en una fase que se prolongó durante dos décadas y que la Comisión del Centenario ha denominado «La Resistencia». La década de los 90 se caracterizó por ser periodo de modernización, pues cuando la ya escasísima población de La Encina hacía pensar que no se iba a poder continuar con las fiestas como se conocían, un grupo de jóvenes residentes y oriundos quisieron tomar el relevo y continuar con el desarrollo y evolución de las fiestas. Con el nuevo milenio, la comisión de fiestas se convirtió en una sociedad legalmente constituida y continuó año tras año la celebración de las fiestas sin perder ni un ápice de su arraigo entre los vecinos. A lo largo de estos años, el espíritu de las fiestas se ha mantenido en esencia, pero se ha sabido evolucionar adaptándose a su entorno.

El segundo gran apartado del libro, denominado «Imágenes de los recuerdos», está conformado por más de 300 fotografías aportadas por todos los vecinos de la población que se volcaron en la búsqueda de documentación gráfica como respuesta a la solicitud de la Comisión de Fiestas, imágenes que recogiesen distintos aspectos de la celebración de las fiestas y actos organizados por las comisiones a lo largo de la historia. La respuesta fue abrumadora y los vecinos, una vez más, se sintieron parte del proyecto. De este modo, se preocupaban por buscar a los redactores del libro para entregarles sus imágenes, ayudarles a la identificación de la gente retratada, a desentrañar a qué momento concreto respondía cada foto, transmitiendo una ilusión que proporcionó momentos de especial emotividad y diversión a la Comisión de Fiestas. Tras una compleja selección basada en criterios de calidad fotográfica suficiente para su reproducción, y siempre buscando la pluralidad y que se vieran reflejados la mayor parte posible de las familias, vecinos y eventos, se organizó la documentación obtenida en siete apartados, a saber: Actos religiosos, Comisiones de festejos, Jóvenes, Damas y cintas, Reinas y cortes de fiestas y falleras, Fallas de La Encina, Los disfraces en las fiestas, y por último Equipos de fútbol.

La publicación se presentó a la población durante el acto de la presentación de las reinas de las fiestas, lo que supuso un vínculo entre pasado y futuro a través del presente en un acto que habitualmente se considera punto de partida de la celebración de las fiestas. En él se reunieron todas las generaciones presentes en la comunidad, participando activamente en el evento.

El año del centenario culminó con la celebración de las fiestas en honor a San Juan Bautista entre el 21 y el 29 de junio de 2014 con un gran éxito de participación e implicación de los vecinos. La población hizo suya una vez más la frase que se recoge en el prólogo de la publicación del centenario «Vosotros sois las Fiestas y la historia de las Fiestas». Los actos conmemorativos y los guiños a las tradiciones del pasado más lejano calaron hondo en los participantes, propiciando una serie de sinergias entre generaciones que elevó la ya citada “conciencia de tradición festera” a unos índices tan elevados que permiten aventurarse a afirmar que la tradición perdurará, al menos, por cien años más.

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Celebración de las fiestas del centenario. Pregón Fuente: Comisión de Fiestas 2013-2014

Vanesa García López de Andújar y Gerardo García López de Andújar

Monografías Memòria Viva

Monografias Memòria Viva reúne aquellas investigaciones surgidas en el marco de Patrimoni-PEU que analizan en profundidad aspectos de los pilares temáticos del proyecto.

 

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